1 de enero de 2010

Cada vez...

Cada vez que te miraba, cada noche que escuchaba tu voz,
era una bocanada de aire a mi libertad queriendo ser retenida
por ti, por ti hombre que recién llegaba.
Decidí postrarme en tu puerto a ver si tormentas en tus tierras calmaban.

Fue así por momentos, pero sin sentirlo
ellas cada vez tomaban más fuerza,
hasta que un día llegó y se llevo todo… todo…

¿Qué me quedaba? Al principio esperanzas, ¿Después? Después nada…
Te miraba a lo lejos hermoso como siempre,
galopando con tu larga melena, bello;
tan hermoso que solo te admiraba.

Observándote me di cuenta que con el viento te transformabas…
Dejaste de ser luz y te convertiste solo en llama
y aun así quise jugar con fuego, sabiendo que lastimaba,
y en efecto… pero ya no quiero… duele, duele más de lo que imaginaba.

Quisiera que el mar hablara y me dijera su secreto,
de como apagar la flama sin dejar ceniza alguna.
Quisiera seguir observando a lo lejos… solo a lo lejos como un hombre lejano,
pero es demasiado tarde, porque aunque no quiera quererlo, me rehúso a olvidarlo.