Nuestro obvio artificio nos acerca aun más, no quieres dejarme a pesar de mis desvaríos, la seducción ya extinguida ni siquiera carboniza en nuestro encuentro, solo desprende lobreguez sin luz alguna...
Si aun así fingiremos amarnos sin que importen los viejos labios que no mojan ante los tuyos y vivimos en el ardid de un falso sueño de dicha y cariño, entonces que no acongojen perfumes ajenos nuestra tregua, mi fiel supuesto amor de porvida.
Que tus manos dejaron de quemar esta piel ávida, esta gana impaciente al ocultarse la tarde, si ante los demás somos pulcros, digna imagen que impresiona en los salones de burgués, al caer la noche, al abrir la misma puerta cada quien se dirige a una distinta habitación, soñando con caricias disímiles a las nuestras y no hay quien sospeche nuestra portentosa llaneza puesto que murió aquella primera impresión que dejaron tus fanales ojos, mi cómplice íntimo de escabrosas acciones, somos la costumbre personificada en una rutina habitual de un simple día.