
Hablaré de sus habituales gestos de su apabullante cara,
de sus cabellos rizos y su piel fina de porcelana.
Contaré las hazañas de sus ojos en el paisaje de mi cuerpo
y cantaré acerca de aquellos besos bajo las sabanas en las noches en que las copas se dejaban vacías...
.
Como siempre añoraré el descaro de sus manos en mi cintura,
esa sonrisa que daba vida a mi preocupación latente
de nuevo abrazaré la almohada, esa misma en donde descansaba,
buscaré el olor de esos días en donde mi pudor no despertaba.
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Finalizaré diciendo las últimas palabras cansadas que me dejó su boca,
describiré las débiles manos al terminar la despedida,
exclamaré de aquel supiro no se si de tristeza o de amargura
y quizá me eche a llorar como la noche en que abandoné su aliento.
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No sé donde estará ni con quien se encontrará,
desconozco si aún reparte la frescura de sus mieles,
no sé si me espera, no sé si lo hago, solo sé que le quiero ver.
quizá es la revancha de lo que fué mi fracaso
de llevarlo conmigo hasta en el pensamiento.
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Y te diré todo esto, por el simple hecho de decirlo,
que me gusta hablarlo, solo para no olvidar.