10 de enero de 2011

No se...

Apaciguan las aguas de aquel sombrío momento que me dejó sin piernas, que me apagó la voz, prendió mi conciencia y selló mi garganta desatando mil lunas de llanto. Hoy las noches vuelven a ser tranquilas, lacrado padecimiento, sellado dolor, mi cuerpo se adaptó a las secuelas que tu aroma provocó, justamente en el segundo 16 en la hora 19 del minuto 48 yo dejé de convertirte en mi angustía, tus palabras dejaron de acribillar mi vanidad, estos ojos que un día se llenaron de amor al verte no merecen llorar ninguna lágrima más por tu ausencia pronunciada y por ti requerida...
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Aquella tarde mi amor propio le dijo a mi orgullo "Ya no más" acarició la frente de mi dignidad acabada y con un beso en la mejilla de mi deshecha valentía me levantó la cara para no mirar atrás... Ahí seguías tú, con aquella sonrisa que cientos de horas me hizo suspirar ¿Pero que seguía después de ti? Fue algo que razonablemente y casi a la fuerza me obligué averiguar.
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Fuiste puñal encendido por varias semanas, las brasas quemaban al escuchar tu nombre, cuando la gente te mencionaba o me preguntaba por ti... Poco a poco me deje llevar por la corriente, emprendiendo un camino sola, ansiosa de lo que había preparado para mi.
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Fuiste el Mártir de mi templo, el Dios de mi cultura,
pero ya te he dado sepultura con la mujer que te llevaste,
enterre a los dos, aquella llena de miedo que te convido su espacio,
la insegura, la que no es fuerte, la que lloraba tus pocas migajas,
bajo llave y bajo tierra, detrás de una promesa a mi misma de no sacarlos nunca.
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Y hoy al verme al espejo me reconocí, ya no está mi rostro escondido en las ojeras de mis noches en vela, mi voz ya no tiembla de llanto ni se entrecorta a la tercera frase, pronuncio tu nombre sin titubear, mi nariz no está húmeda y el papel higiénico ya rinde más. Hoy te recuerdo y no siento nada y me digo a mi misma ... ¿Porqué tarde tanto en sacarlo de mi vida? ¿Porqué me mantuve cerrada a él mucho tiempo? ¿Qué fue lo que le vi?
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Y yo que pensé que no volvería a querer después de ti, que no encontraría labios mejores que los tuyos, me alegra saber lo equivocada que estaba. Sostengo mi cigarillo y solo río, mientras veo el último mensaje de texto que me han enviado al celular... Me siento la mujer más afortunada y felíz, este dice "Te quiero" y ya no viene de ti ...