Tu sonrisa se volvió inevitablemente vital para la mía, es como si fuese veneno carcomiendome la piel, solo que este no mata al instante, más bien lo hace lentamente; consumiéndome, torturándome... Es como si fueses un tipo de adicción, insufribles mis días cuando no tengo tu olor y es ahí cuando me pregunto ... ¿Está bien eso? Quizá no y solo sea una prueba para mi dependencia existencial, que no he dejado salir desde aquella noche en que hicieron llorar a la pequeña María.