7 de abril de 2011

A uno le toca pasar por muchas cosas para aprender. Y uno aprende. Afortunadamente uno aprende. Tuve que querer a alguien que nunca me quiso por mucho tiempo y con todo mi corazón y tropezarlo y tropezármelo y seguir tropezándomelo y tener la certeza que seguiré tropezándolo, también tuve que ver a alguien que me quiso sinceramente y yo, nunca lo quise y obviamente tuve una relación en la que los dos nos queríamos pero la inmadurez nos ganó.


Tuve que pasar por el típico hombre que no hay que querer y tuve que ser alguna vez, la típica mujer que no había que querer. Tuve que doler y tuve que sentir como me han dolido. Tuve que resignarme a que en algunos nunca voy a doler mientras que a otros les voy a doler por siempre. He sido la buena y la mala. He sido fría con los que tenía que ser dulce y aun peor, he sido dulce con los que tenía que ser fría.


He tenido que pedirle auxilio una y otra vez para darme cuenta que siempre, aunque no está, está. Así como también he añorado que esté el que nunca ha estado. Me he enamorado de momentos, perdidamente, y me he desenamorado en segundos.


Me tocó uno o unos amores que nunca tuvieron la fuerza para luchar por mí y otros que lucharon demasiado y ya por eso, no me tocó luchar a mí y me aburrí. Me ha tocado verme como diosa irreal e inalcanzable en algunos ojos, mientras que en otros nunca logré siquiera verme.


También tengo exactamente un par de amores pasados que por mutuo acuerdo, sin nunca decirlo, decidimos jugar al olvido de los desconocidos y ellos siempre irán ganando. Tengo en mi historia, el triste cuento de la princesa que dejaron por otra y la sensación de que nunca he dejado a nadie. Alguna vez me di cuenta que tenía que ser muy yo para que me quisieran y así me han querido, pero también tuve que, por mucho tiempo, dejar de ser yo para que me amaran y aunque parecía funcionar, nunca funcionó.


He sido correspondida, he querido ser correspondida, he exigido ser correspondida y por supuesto he sido la que nunca fue correspondida y la parcialmente correspondida. He sido la exnovia que nunca olvidaron y que aún es el fantasma de la novia, la ex novia que nunca fue novia, el amorío secreto que dolía y también el que nunca dolió.


Así que las cicatrices sirven porque con ellas uno empieza a dibujarse el alma y a delinearse el futuro.