19 de marzo de 2011

Que bueno que te vas

Me alegro que te hayas ido. Que felicidad. Me gusta que hayas dado media vuelta y le hayas dado la espalda al amor. Es bueno, para mí, que tus ojos ya no quieran mirar más el romanticismo que me provocabas, ni el brillo en mis ojos, ni mi incontenible sonrisa por el hecho de estar a tu lado. Es bueno que hayas decidido evitar también, sentir la magia que yo te regalaba. Menos mal te vas.

Es bueno que huyas, aunque dicen que huir es de cobardes, pero es mejor, para que no haya más de esos besos. Esos besos increíbles, pasionales, existenciales y verdaderos. Mejor así, vete que seguro otra, fácilmente te los dará. Seguro encontrarás a la vuelta de la esquina quien despierte en ti, solo teniéndola cerca, ganas de arrancarle la ropa. Perdóname, pero sé que no es justo que al mirarte me provocara soñar con “nosotros” y me provocara aun más, como al mismo tiempo, raptarte las pasiones y algún par de orgasmos. Menos mal te fuiste.

Aunque no lo entienda, creo que es lo mejor. Nunca nadie me provoco tanto. Nunca nadie me provoco pasión, romanticismo, ternura y otra vez pasión. Siempre me los traían por separado. Algunos romanticismo, otros ternura, algunos pocos, poquísimos pasión, otros seguridad, y llegas tu, a dármelas todas en una, no, menos mal te fuiste. Gracias. Es que no era justo contigo que yo tuviera mis mejores intensiones contigo. Realmente podía enloquecer, de amor, claro. Pero que susto ¿no? Pude haberte hecho feliz, en exceso de hecho, y como todos los excesos son malos…

Además pude haber sido esa mujer entregada y dedicada a tu amor, a ti, a nosotros. Si, si pude haber sido. Es que como me sentía contigo lo valía. ¿No me viste? ¿No me sentiste? Yo te vi como alucinabas al mirarme. Irte fue lo mejor, es cierto, definitivamente, porque al mirarme sonreías y parecías que no creías que existía, pero si, cuando estaba a tu lado de hecho me sentía más viva, existía como todos soñamos sentirnos vivos. Además me tocabas y no podías dejar de llevarte por el deseo infernal, me acariciabas con palabras suaves y soñadoras, me hablabas con miradas comprometedoras y me soñabas sin miedo, en tus días del futuro y en tu cama del presente.

Y bueno, sin duda era la mejor decisión largarte, porque dijiste que parecía la mujer perfecta para ti y que te sentías enamorado y podías perderte también en el amor, solo que esta vez seria correspondido; absolutamente, increíblemente, perfectamente: correspondido.

Pero menos mal te fuiste, no esperaba menos, yo nunca lo hubiera hecho, porque creo que estos sentimientos son exclusivos y escasos, entonces los valoro, los cuido, los acaricio y los hago míos. Me los apropio sin miedo y con valentía. Por eso, me hago luchadora y me dan estas arrebatadas ganas de hacer todo lo posible para que sea un hecho, y soy obstinada y persistente y entregada. Y es que en últimas creo en el amor, si, lo acepto, entonces cuando lo tengo cerca, cosa que nunca pasa, en medio de corazones me vuelvo guerrera y fuerte y segura y no dejo que nadie me lo arrebate. Solo tú.

Pero menos mal te fuiste porque el amor imposible, que creí posible cuando te conocí, es solo para almas fuertes, nobles y guerreras. Y yo para mí, sin duda, quiero alguien atolondrado, insensato y absolutamente imprudente.

“Porque el amor imposible no es cosa de prudentes, sino de Quijotes.

Sólo cuatro veces en doce años vio Alonso Quijano a Aldonza Lorenzo

Jamás cruzaron palabra. Pero eso le bastó para vivir en ella y por ella.”